Editorial Bercimuel

20/04/2005

SOBRE LA ACTIVIDAD DE LAS MUJERES EN LA LITERATURA Y EL ARTE. El próximo libro a publicar, La carrera de obstáculos, de Germaine Greer.


Artemisa Gentileschi, Nacimiento de San Juan Bautista. Oleo sobre tela 184x258 cm.
Museo del Prado.


Louise Moillon, (Francia 1610-1696) Bodegón con frutas, 1637. Oleo sobre lienzo 87,5 x 112 cm. Museo Thyssen-Bornemisza.


Mary Cassat (Pittsbourgh 1844 - Francia 1926) Mujer con niño en brazos, 1890. Oleo sobre lienzo, 81 x 65,5 cm. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

El 8 de marzo, una amiga de Madrid, culta, me escribió que, en una tertulia con unos amigos nada machistas, hablando de por qué las mujeres no han destacado en las artes y las letras, algunos se preguntaban si habría algo genético.

Le contesté inmediatamente que, viendo los ejemplos de mujeres del pasado remoto en la política o más recientes en la vida en general, no se podía ni plantear esa explicación.

La explicación de que no se conozca a las mujeres creadoras está en que, en otros idiomas europeos, hay muchos estudios desde la década del 70 sobre la actividad de las mujeres en el arte, en la música, y en la literatura no digamos. Pero en España, salvo un pequeño libro sobre las artistas plásticas y una historia de las compositoras, no se encuentran esos libros, así que ni los profesores de secundaria las conocen normalmente. Ese desconocimiento es el que tratamos de reducir en nuestra Editorial Bercimuel publicando este año uno de los libros “clásicos” dedicados al estudio de las pintoras, La Carrera de obstáculos, de Germaine Greer. Publicaremos ese libro porque, además de una historia de las pintoras occidentales hasta 1950 (aunque parezca increíble hay muchas pintoras chinas antiguas, como pude ver en el catálogo, que me trajeron, de una exposición dedicada a ellas en el Museo de Indianápolis hace 15 años o más) desarrolla una explicación de los obstáculos que tuvieron que vencer las que llegaron a ser pintoras y los avatares que sufrieron sus obras y su memoria.

Sobre el desconocimiento de las mujeres creadoras del pasado (y también vale para las escritoras, al menos en España) la primera explicación que da Germaine Greer es que los académicos, los historiadores (todos hombres hasta hace 50 años) de los siglos XIX y XX han suprimido de las Historias del Arte a muchas pintoras, escultoras, compositoras, etc. que fueron famosas en sus épocas, e incluso tan ricas que mantuvieron a su familia, marido, hijos, etc. Cuando lean ese libro, como espero, las personas cultas en España no podrán decir que no existen pintoras antes de 1950.

En lo referente a las escritoras las hay grandes, muy grandes (seguramente porque son más numerosas pues es una actividad que no necesita mucha infraestructura externa, aunque sí tiempo y, a ser posible, una habitación propia, como dijo oportunamente Virginia Wolf) pero muchas están olvidadas o están mal conocidas. Por ejemplo, nosotras estamos haciendo descubrir a muchos que Emilia Pardo Bazán escribió más de 500 cuentos, libros de viajes, millares de artículos, que tiene un lenguaje riquísimo, que de su obra beben Valle Inclán, Cunqueiro, F. Flórez, Cela, y Torrente Ballester, y que es sin duda el 3º gran escritor español del siglo XIX, después de Galdós y Clarín. Y eso no lo saben ni la mayoría de los profesores de Secundaria, porque Menéndez Pelayo y otros, que la detestaban, como machistas, la sacó de las Historias de la Literatura. (Un ejemplo de no reconocimiento es que ni en Galicia ni en Madrid hay un solo colegio, Instituto o Biblioteca que se llame con su nombre).

Y luego vienen los editores comunes y hacen lo mismo. No traducen a las escritoras, aunque sean como Cervantes en sus países. Hasta hace pocos años no se ha traducido al español (al inglés y al francés ya estaba hace mucho tiempo) la Historia de Genji, escrito hacia 1.010 por la dama de la corte de Kyoto Murasaki Shikibu. Ella, y varias otras damas, inventaron casi la literatura novelesca japonesa, pero sólo se ha traducido ésta (en cuyos personajes se basan la mitad de las obras del teatro clásico japonés)y otra de Shei Shonagon. Faltan otras obras de otras escritoras de esa época de oro de la cultura en Kyoto.

En el libro La Carrera de obstáculos, de Germaine Greer, (biografía en nuestra sección de AUTORES) tenemos a las grandes, como la vigorosa Artemisa Gentileschi en el Tenebrismo italiano, Rosalba Carriera, famosa retratista al pastel del siglo XVIII, veneciana que recorrió Europa, como hizo la grande, rica, y un poco ñoña, Angélica Kauffman, o las dos retratistas francesas del siglo XVIII y XIX, rivales en la Académie y de distinta ideología por retratar a las mujeres de la corte de Versalles Mme. Vigée-Lebrun y a la burguesía la Labille-Guiard. Vigée-Lebrun, exiliada, recorrió Europa pintando todas las cortes europeas, salvo Madrid, vivió 80 años y escribió unos Souvenirs.

Y también tenemos la explicación de los obstáculos que tuvieron en su carrera las grandes y las muchas menores. Nos dice que la mayoría de las pintoras (como los pintores) antes del siglo XIX son de familia de pintores. Desde el siglo XIX hay jóvenes burguesas que pueden ir a escuelas para mujeres de música y pintura, y pueden acabar dedicándose con pasión a ello, como Berthe Morisot. Pero en los estudios oficiales no podrán entrar en la clase de desnudo hasta que ya no interesa esa preparación académica. Alguna pintora grande, como Suzanne Valadon, aprendió viendo a los que la pintaban, Renoir, Chavannes, Toulouse-Lautrec, pero cuando expuso un desnudo masculino no se le aceptó y debió repintar el cuerpo de su amante, también pintor. Hoy es más conocido su hijo Maurice Utrillo.

Explica que a veces los obstáculos son la familia, el amor (ver nuestra biografía de Gabrielle Münter, amante y alumna de Kandinsky en Munich y que tiene allí un precioso museo) y las consecuencias son que las pintoras se dediquen más a géneros de pequeño tamaño, que sus obras, andando el tiempo, aparezcan en el mercado como anónimas o, lo que es peor, aparezcan atribuidas a colegas masculinos. Así ha pasado con cuadros de Judit Leyster, que aparecen como de Franz Hals o de la catalana de principios del siglo XX Lluisa Vidal, que tiene cuadros con el nombre de Ramón Casas.

Germaine Greer dice como final en su libro: "No existen mujeres Leonardo, Tiziano etc, pero la razón no está en el hecho de que las mujeres tengan útero, puedan tener hijos, que su cerebro sea pequeño, que les falte vigor, que no tengan sensibilidad. La razón está simplemente en el hecho de que no nacen grandes artistas de egos dañados, voluntades débiles, libidos reprimidas y energías desviadas en neurosis."

A este libro sólo le falta que hable más de la pintoras en España. Pero debe tenerse en cuenta que, en los años 70, no estaban hechos los estudios parciales previos que seguramente encontró la autora en países como Italia, Francia, Inglaterra, etc. Así que no cita a la pintora de murales gótica del siglo XIV en Zamora, Teresa Díeç, o la pintora entre el XIX y XX de Barcelona Lluisa Vidal. De todos modos, la época de oro de la pintura española es demasiado temprana y las mujeres parecen estar más apartadas de esa posible actividad. O no encontramos sus obras, salvo las de Josefa de Ayala, nacida en Sevilla pero que se trasladó a Obidos (Portugal) y pintó más allí, (por lo que en algunos libros su nombre aparece como Josefa de Obidos, pintora de naturalezas muertas barrocas, al estilo de Arellano o Van Hamen). Esta pintora y la escultora sevillana Luisa Roldán, que merecería más estudios, está citada en el libro del que hablamos.

Para terminar, les pido que miren en nuestra web el cuadro La sopera de Anne Vallayer Coster, elogiada por Diderot y eso que ella no era una de las grandes pero ese cuadro podría ser de Chardin.

María Siguero Rahona

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