Editorial Bercimuel

11/09/2007

EXPOSICIÓN LA ROLDANA

Roldana

SagradaFamilia

Les anunciamos que se está celebrando una Exposición de esculturas de LA ROLDANA en el Alcázar de Sevilla hasta el 14 de octubre de 2007
 
La exposición está abierta al público hasta el domingo 14 de octubre.
El día 12 de octubre, festivo, está abierta de 9,30 a 14,30;
el horario en octubre es el siguiente: Lunes cerrado, martes a sábado: de 9,30 a 14,30 y de 16,00 a 18,00 h
Domingos y festivos: de 9,30 a 14,30
La exposición es gratuita. El acceso a la misma es por el Patio de Banderas del Alcázar.
 
Esta exposición sobre la figura de Luisa Roldán (Sevilla 1652- Madrid 1706)  se ha producido con motivo del III centenario de su muerte, conmemorado en 2006.  La exposición se abrirá únicamente en Sevilla. Y se ha programado en  el marco de un gran proyecto denominado Andalucía Barroca 2007, en el que están preparadas 6 exposiciones más que tendrán lugar en otras ciudades andaluzas.  
 
Nos hemos enterado hace poco de esta exposición de la gran y única escultora sevillana. Se la recomiendo porque es poco frecuente encontrar exposicones de pintoras o escultoras del pasado. Escultoras más difícil porque hay muy pocas. Luisa Roldán es la excepción de artistas en el barroco español porque prácticamente tampoco encontramos la obra de pintoras salvo su contemporánea y paisana de nacimiento, Josefa de Ayala, (de la que tenemos una foto de un bodegón en la página Noticias de nuestra web) y luego de Óbidos por el pueblo portugués donde volvió a instalarse con su padre, pintor también. Su tío materno era Bernabé de Ayala, discípulo de Zurbarán. En el caso de las dos encontramos que son artistas-artesanas porque su familia lo es.
     

 Luisa Roldán, La Roldana,  (Sevilla 1652- Madrid 1706)

La partida de bautismo de Luisa Roldán se conserva en la iglesia de Santa Marina de Sevilla con fecha de 8 de septiembre de 1652. Eran 3 años después de la peste de 1649, que mató a la mitad de la población de la Sevilla  de entonces, de 160.000, entre ellos el escultor J. Martínez Montañes.

En el siglo XVII Sevilla está en su época de oro cultural como cuna de la mayoría de los artistas pintores y escultores españoles,  aunque el imperio español hubiera empezado a declinar. De hecho Luisa Roldán vive en los 50 años de la decadencia de la dinastía de los Habsburgo, lo cual va a determinar su carrera seguramente.

Los escultores (más aún que los pintores) tenían muchos encargos de “santos de palo” pues eran básicas sus imágenes en la religiosidad barroca y contrarreformista que contradecía con su exceso el rechazo de las imágenes de los diversos credos protestantes.

No sólo se hacían muchas imágenes para los altares o las  procesiones  sino que éstas eran de madera pintada para ser más naturalistas o expresionistas finalmente. La madera es más barata que otros materiales y luego se la enriquecía con la pintura y el dorado, por eso aún eran más baratos los cuadros.  Se hacían las figuras de varias piezas ensambladas, o incluso, como ya había hecho el manierista Berruguete, un error de gubia se podía arreglar pintando o añadiendo una tela encolada que no se notaría debajo de la pintura y el dorado.

Pero para las pequeñas figuras de los oratorios domésticos ricos, origen de los Nacimientos, la madera no permite ser sutil en los detalles y por eso la Roldana hace sus pequeñas obras de barro cocido y también pintado.  En ese material está hecha la cara de Santa Ana de un grupo en que ella está educando a su hija la Virgen María, del cartel que les envío de la Exposición sevillana. También son de barro las figuras del grupo de Sagrada familia con 2 ángeles que les invito a ver.

Luisa Roldán había nacido en el taller de su padre. Proceder de una familia de artistas - o artesanos, como se les consideraba a la mayoría – es lo más frecuente entre las mujeres que se dedicaron a la pintura o a la escultura, como cuenta Germaine Greer en el capítulo “La Familia”, de su libro La Carrera de obstáculos. Había dinastías de pintores y las hijas participaban también, o aseguraban que los mejores aprendices se quedaran en la familia, como ocurrió con Velázquez en el taller de Pacheco.

El caso de Luisa Roldán es parecido pero conflictivo. Su padre vio que era la de más talento de sus hijos y no quiso que se casara a los 19 años con un aprendiz de su taller, Luis Antonio de los Arcos, que era inferior a ella. Pero los novios organizaron un casamiento clandestino haciendo que el arzobispo de Sevilla ordenara secuestrarla para casarse ante un juez eclesiástico, y se casaron el 25 de Diciembre de 1671 en la iglesia de San Marcos.

Hasta 1683 la vida con su marido fue conflictiva. Vivieron 2 de los 6 hijos que tuvo. Pero después se reconcilió con su padre y trabajaron juntos en el gran paso de la Exaltación en Sevilla, donde él  hizo el Cristo y ella los ladrones y 4 ángeles pasionarios. Trabajó un tiempo en Cádiz, donde está documentado un Ecce homo hasta que se trasladó a Madrid en 1689.  Quería ser nombrada Escultora de cámara del rey Carlos II. Lo logró el 15 de octubre de 1692 con la enorme escultura de San Miguel aplastando al demonio, donde dicen que los rostros muy particulares son el retrato de ella en la cara del ángel y en la del demonio el retrato de su marido, que hizo  para El Escorial.

Mientras  tanto y después hizo muchas pequeñas esculturas de barro de temas amables con un estilo personal que se muestra especialmente en los pliegues de la ropa y los cabellos llevados por el viento. Pero el triunfo profesional no le garantizó la tranquilidad económica para ella y sus hijos, pues la corte está en bancarrota total y no le paga las obras. La inflación le hace perder la herencia de su padre. Escribía a la reina Mariana y al tesoro pero le contestaban diciendo que no había con qué pagarle las imágenes que le habían encargado, como el Cristo con la cruz que está en el convento de Sisante, en Cuenca.

En 1701, el nuevo rey Felipe V de Borbón la confirmó en su puesto de escultora de cámara pero no le pagaban las obras entregadas ya. Su hija, que no la continuó, y su hijo preferían hacer vida de ociosos hidalgos,  pero el ambiente de España en la época era de depresión en todos los sentidos.

Se puede decir que el barroquismo de Luisa Roldán es propio de un epígono. Esperamos que esta exposición y libros sobre ella la hagan más conocida, y apreciada en lo que tiene de más original entre sus colegas masculinos, su gran y obligada o voluntaria dedicación a la pequeña escultura en barro, donde los temas son más domésticos y ella parece más preocupada por retratar personajes femeninos en escenas de la vida de las mujeres, como las de la Virgen María amamantando , jugando con el Niño, enseñándole a andar, o las de Santa Ana enseñando a leer a la virgen María, y no sólo a coser.

Marķa Siguero Rahona
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